Martina Pasini | Opinión
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PERIODISMO ENTRE OBJETIVIDAD Y FUNCIÒN SOCIAL

Muchas veces, escribiendo reportajes, me ha ocurrido de enfretarme a dilemas morales, éticos y prácticos tipicos de los periodistas qué se han asomado a la profesión desde hace poco. El dilema más común concierne la supuesta “objetividad” solicitada al periodista: aunque yo no pienso que el periodismo objetivo sea la unica, y la mejor, forma de ejercer la profesión, creo que la honestidad hacia los lectores sea una obligación para quien decide de hacer periodismo. De hecho, el buen periodista tiene una verdadera función social porque su trabajo contribuye a que la gente pueda informarse y elegir: queda claro que no todos tenemos que convertirnos en activistas, si ya no lo somos en nuestra vida privada.

 

Cuando estuve en Bolivia, en el verano del 2017, para el reportaje sobre los movimientos sociales y el impacto que tienen en Latino-America en las decisiones politicas institucionales, me di cuenta que muchas veces con las personas entrevistadas, con los que hubo más empatía, nos encontrabamos a analizar situaciones y propuestas que estaban bien más allá del caso específico tomado en consideración. Por ejemplo, me ha pasado de vivir esta sinergia con Alex Villca Limaco, el portavoz del Coda, una organización de la sociedad civil sin ánimo de lucro que coordina la defensa de la Amazonia. Alex, qué es parte de la nación indígena Uchupiamona, está luchando contra la construcción de dos megas represas en en Parque Nacional Madidi, en la Amazonia boliviana.

 

El primer objetivo del Coda es crear un espacio en la ciudad donde se pueda discutir y profundizar sobre la temática socio-ambiental y el segundo es hacer un llamado a otros colectivos de la región amazónica para ampliar el abanico de información y de lucha.

 

La idea de fondo es crear organizaciones que luchen por la defensa ambiental y por los derechos de las comunidades indígenas en todo el continente latino-americano: es necesario unirse, este es el eslogan de memoria guevariana llevado a cabo por Alex con determinación.

 

“Hasta ahora”, y aquí transcribo parte de una entrevista realizada a Alex en fecha 22/07/2017 en Rurrenabaque (Bolivia) “nuestras luchas han sido aisladas e individuales: la situación tiene que cambiar, estas batallas tienen que avanzar juntas, ignorando las fronteras geográficas, porque los pueblos indígenas nunca hemos tenido fronteras. La defensa de la Madre Tierra debe tener lugar a través de los ecosistemas: si fuera así, las naciones indígenas de los nueve países sudamericanos lucharíamos unidos por la defensa de la Amazonia. En mi opinión, deberíamos dejar de considerarnos solo como países y comenzar a ‘’leernos’’ como macrorregiones. Por ejemplo, la lucha contra las megarepresas de Chepete-El Bala debería llevarse a cabo por todos los pueblos indígenas que se encuentran a lo largo del río Beni. Sería un razonamiento ciego dejar solas a aquellas comunidades que sufren directamente las consecuencias de estas megaobras: si se modifica ligeramente el flujo del río se dañan tanto los pueblos de aguas arriba como los de aguas abajo”.

 

En este tiempo, me pareció increíble que, de una entrevista sobre una situación de resistencia politica, subió a la luz un verdadero projecto politico, probablemente pensado colectivamente, que ponía, sin miedo, en un rincón la idea del Estado Nación tal como ha sido concebido y realizado en epoca moderna, pensando el continente Latino-Americano con una nueva estructura política, basada sobre las naciones indígenas. Es innegable que, una visión tan radical e interesante, haya alimentado mis fantasías políticas y afectado mi “objetividad” de periodista.

 

Además, me llamó mucho la atención la similitud de esta conversación con otra tenida, poco tiempo antes, con Gustavo Soto Santiesteban, fundador del Centro de Estudios Aplicados a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Ceadesc), activo en Cochabamba desde 1997 hasta 2015. Durante un excursus histórico-cultural, Gustavo me contaba como, desde el punto de vista histórico, las tierras bajas son una de las pocas zonas que los Incas no consiguieron someter: conquistaron todas las poblaciones desde el sur de Colombia hasta el norte de Argentina, incluyendo la mitad de Chile, pero nada pudieron hacer contra el grupo étnico tupi-guaraní, las poblaciones de la región de Chaco-Amazonia. Los guaranís se autodefinieron como “hombres libres, sin Estado y sin patrón”.

 

En la mente de muchas personas Bolivia es el Lago Titica y los altiplanos, comúnmente llamados tierras altas. En realidad la región del Chaco-Amazonia, conocida, sin embargo, como tierras bajas, ocupa alrededor del 70 por ciento del territorio boliviano: son las tierras orientales, aquellas menos densamente pobladas.

 

Sobre eso, el antropólogo francés Pierre Clastres (1934-1977), llevó a cabo, entre los años ’60 y ’70, numerosas investigaciones de campo con el objetivo de estudiar las particulares dinámicas de poder en determinadas sociedades arcaicas de la Sur América, en particular entre los Guayaki y los Guaranì de Brasil, Bolivia y Paraguay. En su obra principal, “La sociedad contra el Estado”, Clastres analiza como estas poblaciones, qué viven en zonas particularmente inaccesibles y retiradas de la selva Amazónica, han decidido intencionalmente mantener la esfera coercitiva del poder, qué normalmente le corresponde al jefe o a la chefferie, afuera de las dinámicas de mando. En otras palabras, desde “sociedad sin Estado, sin fe, sin ley y sin rey”, como han sido definidas desde el descubrimiento del Nuevo Mundo de misioneros y aventureros, a sociedad contra el Estado, como Clastres teoriza. En concreto, lo que representa al político es la ausencia de un Estado, y por lo tanto de un órgano separado represivo, y la presencia de jefes a los que no está permitido ejercer un poder de tipo coercitivo. Los chefes que no respetan a esta ley colectiva, son castigados con la la expulsión. En estas comunidades entonces hay una total igualdad entre todos los miembros del grupo; la única ventaja del jefe es la poligamia: muchas veces, es el mas pobre de la comunidad porque la generosidad es una característica imprescindible para este tipo de “mando”.

 

La que debería haber sido una simple entrevista, antes con Gustavo y luego con Alex, se convertió en una verdadera análisis politica, que cambiò para siempre mi modo de escribir, hacer periodismo y también de pensar y hacer política activa. Antes, el “Vivir bien”, el decrecimiento, los comunes, el eco-feminismo, los derechos de la Madre Tierra, eran conceptos lejanos de la realidad en que vivía: no habia entendido cuanto, en realidad , la formulación, el intercambio y la difusión de nuevos conceptos politicos sean la base del cambio.

 

La deriva nacionalista que muchos países europeos también están abandonando, el racismo, el machismo, la emergencia climática, los problemas derivados de fenómenos migratorios, el capitalismo exasperado, el consumismo, el militarismo, el neocolonialismo son todas problemáticas solo aparentemente desconectadas; en realidad son trozos de un mismo tejido que deben ser afrontados con análisis y soluciones integrados. En América Latina el “espacio de maniobra” para teorizar sistemas alternativos es mayor respecto al de Occidente, donde los viejos paradigmas políticos de derechas y de izquierdas han atrofiado ideas y consciencias, aumentando la sensación de desafección, pasividad y desinterés por la política. Nosotros periodistas no “operamos en el vacío”, somos sujetos y objetos políticos que tienen una mirada personal que inevitablemente afecta lo que escribimos, y tenemos entonces que evaluar las consecuencias políticas e históricas de nuestro trabajo.